VENTANAS
Eduardo Galeano
Las malas palabras
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Ximena Dahm andaba muy nerviosa, porque aquella mañana iba a iniciar su vida en la escuela. Corriendo iba de un espejo al otro, por toda la casa; y en uno de esos ires y venires, tropezó con un bolso y cayó desparramada al piso. No lloró, pero se enojó:
--¿Qué hace esta mierda acá?
La madre educó:
--Mijita, eso no se dice.
Y Ximena, desde el piso, curioseó:
--¿Para qué existen, mamá, las palabras que no se dicen?
DOMINGO 30 DE JULIO DE 2000
Encontrado en: http://www.jornada.unam.mx/2000/jul00/000730/04aa1clt.html
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